Desde la Pastoral Social de la Arquidiócesis de Córdoba y durante el mes de mayo de 2010 se realizaron los Talleres de Doctrina Social de la Iglesia en varias comunidades parroquiales. Este “salir” significó especialmente: una experiencia enriquecedora la de compartir las nuevas orfandades (exclusiones y marginaciones), y un desafío, y un aprendizaje el de seguir creciendo en el espíritu de diálogo, respetando la pluralidad y diversidad de pensamientos.
Es importante destacar la labor del equipo de docentes, que nos ayudó a mirar más allá de nuestras fronteras, de poder “abrir horizontes” y redescubrir la presencia de la Semilla del Verbo en otras instituciones y organizaciones no eclesiales; como así también valorar el trabajo de los demás, redescubriéndonos que en Jesús somos hijos, nos hacemos hermanos y ciudadanos, nos comprometemos.
A cada comunidad agradecemos la dedicación y la cordialidad con la que nos recibieron y nos atendieron. El mayor desafío ahora es seguir profundizando y trabajando aspectos que fuimos descubriendo juntos en orden al bien común y a la tolerancia entre hermanos y ciudadanos que somos de una misma Nación.
Planificación de Pastoral Social, aportando al Plan
Que los distintos actores sociales que se desenvuelven en sus ámbito cotidianos nos ayuden a realizar una lectura evangélica de la realidad.
Desde:
Las nuevas exclusiones en nuestra realidad cordobesa
En el actual cambio de época, emerge una nueva cuestión social. Aunque siempre tuvimos dificultades, hoy han surgido formas inéditas de pobreza y exclusión. Se trata de esclavitudes modernas que desafían de un modo nuevo a la creatividad, la participación y la organización del compromiso cristiano y ciudadano. (HBJS p. 24)
El desvanecimiento de la concepción integral del ser humano, su relación con el
mundo y con Dios
Los nuevos fenómenos «a menudo afectan a ambientes y grupos no carentes de recursos económicos, pero expuestos a la desesperación del sin sentido de la vida, a la insidia de la droga, al abandono en la edad avanzada o en la enfermedad, a la marginación o a la discriminación social (HBJS p.25)
Nuestros adolescentes y jóvenes no son el futuro, son nuestro presente.
Es particularmente preocupante la situación de los adolescentes y jóvenes que no estudian ni trabajan, a los que la pobreza les dificulta el desarrollo integral de sus capacidades, quedando a merced de propuestas fáciles o escapistas. Es escandaloso el creciente consumo de drogas que hace estragos cada vez a más temprana edad. En todo el país se ha multiplicado la oferta del juego. La población se ve afectada por la violencia y la inseguridad que se manifiestan de variadas maneras. (HBJS p.29)
«Los cristianos somos portadores de buenas noticias para la humanidad y no profetas de desventuras»
Recuperar el respeto por la familia y por la vida en todas sus formas. Todo lo dicho será siempre provisorio y frágil, sin una educación y una legislación que transmitan una profunda convicción moral sobre el valor de cada vida humana. Nos referimos a la vida de cada persona en todas sus etapas, desde la concepción hasta la muerte natural. Especialmente pensamos en la vida de los excluidos e indefensos. También en la vida de las familias, lugar afectivo en el que se generan los valores comunitarios más sólidos y se aprende a amar y a ser amado. Allí se ilumina la vida afectiva privada y promueve el compromiso adulto con la vida pública y el bien común. Alentamos a las familias a participar y organizarse como protagonistas de la vida social, política y económica. (HBJS p.32)
Los participantes fueron descubriendo las nuevas orfandades (exclusiones) desde dinámicas y trabajos en grupos. Las conclusiones fueron suscitando actitudes de fraternidad y compromiso ciudadano desde los valores trabajados.