Vivimos como regalo de Dios esta hermosa experiencia de un sacerdote cordobés que está al servicio de la Sociedad Misionera para el África. Él nos comparte este Belén africano tan vivo y a la vez, tan desafiante.
Nos parece sumamente necesario comenzar esta sección de nuestra web con este relato del P. Carlos Bazzara, sacerdote cordobés. Un testimonio de amar TODA VIDA, TODA LA VIDA.

Nuevos pesebres en Niger.
Queridos amigos:
Algunos días de la semana, a la puesta del sol, dejo la aldea en dirección al poniente para hacer un poco de sport. En este tiempo los animales (ovejas, cabras, bueyes) deben estar lejos de la aldea y ser custodiados para proteger los campos sembrados (con mijo principalmente, que es el alimento de base). Los pastores “improvisados” son niños entre 6 y 12 años. Algunos han construidos chozas de palos y paja para dormir en el campo. Cada vez que salía los encontraba en el camino y desde una nube de polvo se escuchaban gritos que sonaban como una melodía: ¡“Carlosi, Carlosi”! Allí estaban, cubiertos de polvo, cansados pero orgullosos porque le habían confiado el pastoreo. Al comienzo les respondía sus saludos y continuaba corriendo. Con el pasar de los días, comencé a acercarme a ellos (lo cual implicaba dejar el camino y salir de “mi ruta”). Les estrechaba la mano uno a uno (aquí los “adultos” no saludan a los niños) y les preguntaba sus nombres. Me impresionaban sus ojos grandes y brillantes como dos nueces de cola.
Me mostraban también sus chozas recién fabricadas. Esos momentos y esas miradas han recreado en mí progresivamente una página bíblica y me han introducido en ella: “Había en aquella región algunos pastores que custodiaban de noche sus rebaños” (Lc 2,8). Lucas dice que una luz los envolvió. Pero en esta “nueva página” bíblica, era yo el “envuelto” de la luz de esos pastorcitos, es decir de la luz de la preferencia de Dios que decidió habitar en el corazón de los pobres. Eran ellos que anunciaban una vez más la necesidad de encarnarnos para realizar un proceso de fraternidad y solidaridad con los más pobres según el estilo de Jesús. Y era éste el “signo” que me devolvía la huella para repensar y vivir la Navidad este año: la pobreza de Dios, la pobreza de los pastores, la pobreza del Niger… y nuestra propia
pobreza …
Creo que a menudo hemos “envuelto” al pesebre con una pobreza romántica y una teología sentimental. En este país se acerca de nuevo una grave crisis de hambre que desafía toda nuestra creatividad y sensibilidad. “Todo es relativo menos Dios y el hambre” decía Mons. Casaldaliga. En un mundo con grandes desigualdades y miserias, lo único que podemos hacer es compartir las riquezas y luchar a favor de la justicia y de la solidaridad. En nuestra diócesis de Niamey, el desafío central es “Servir a los más pobres entre los pobres a través de las estructuras de desarrollo y de solidaridad, según la Doctrina Social de la Iglesia y donde cada uno ocupe un puesto relevante en la familia humana”.
“Felices los pobres, porque a ustedes les pertenece el Reino de Dios” (Lc 6,20). Algunos santos y Padres de la Iglesia han utilizado expresiones realmente fuertes invitándonos a una conversión social en lo más profundo del corazón. Parafraseando un viejo adagio de la Iglesia en el horizonte de Mt 25, podríamos afirmar: “Fuera de los pobres no hay salvación”.
Y en este desafío en el cual los pobres deben ser los verdaderos protagonistas de las transformaciones sociales y eclesiales, querría compartir también que los “pastores” se convierten rápidamente en “misioneros” del Reino. El texto evangélico dice que “todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían”. Del mismo modo una comunidad de nuestra parroquia (donde insisto siempre sobre la dimensión misionera de los bautizados) por propia iniciativa, comenzó a anunciar a Jesús en dos pequeñísimas aldeas, donde todavía no hay cristianos. Son ellos entonces los nuevos pastores laicos que, como “Aquila y Priscila”, abren senderos para descubrir “nuevos pesebres”.
Finalmente, pienso que los pesebres grandes en sus Iglesias y en sus hogares, tienen un valor pedagógico excepcional. El desafío es saber contemplarlos. Podríamos invitar a nuestros hijos a “robarle” los ojos al Niño Jesús… para mirar el mundo como El … para amar los más pobres como El …
Queridos amigos, ¡Feliz Navidad a todos ustedes! P. Carlos Bazzara - Bomoanga-Niger
Diciembre 2011 |